viernes, 29 de noviembre de 2013

Greenpeace


Me levanto de la siesta, me ordeno los pelos con los dedos y salgo a la calle. Ahí están ellos, nunca los imaginé tan rápidos. Eran dos, se mueven en parejas, rodean a la presa temerosa, la engañan con sonrisas y bromas.

Caminaron sonriendo hacia mi, invitandome con sus brazos abiertos a un abrazo, mientras en su mano se sacudía un papel.

Yo (dormida), intenté evadirlos, pero ellos me esperaban, entrenados en perseguir y cazar a los de mi tipo, los distraídos, los dormidos, los que vienen en Babia.

"¿Te queres unir a Greenpeace?" disparó ella, palabras filosas que cortaron mi piel, que me trajeron de vuelta a la dura realidad.

"JIPIS, malditos jipis, terroristas de la ecología. Antes muerta que una de ustedes, inadaptados, vayan a trabajar. Viva la propiedad privada" contra ataqué.

Mis palabras fueron puñales, demolieron su sonrisa, intentaron defenderse. No lo lograron. 

Más adelante había otros dos cazando a una vieja que oyó mi sagaz defensa y se sumó a ella como taxista a la cola de ambulancia con sirena prendida. También vociferó contra los ecoterroristas.

¿Unirme a Grinpis? ¿Yo? NI LOCA.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Lo que tenga que ser...


"Lo que tenga que ser, será".
Llevo toda el día repitiendo esa frase como si fuese un mantra. 
No se si la finalidad es calmarme a mí o a quienes me rodean.

Veo como todos a mi alrededor avanzan y se mueven a gran velocidad. 
Creo que en un momento yo también estuve a la par de ellos, ágil, apurada.
No se en que momento me inundó la paz o cuando decidí que de nada sirve llorar o patalear.
Hay cosas, sobre todo las decisiones ajenas, que no puedo cambiar...
Por eso insisto... lo que tenga que ser, será.


viernes, 8 de noviembre de 2013

Egoismo

A los golpes aprendí que ponerse en primer lugar no significa que uno sea egoísta.

Que uno se quiera y se cuide no implica que no se preocupe, y mucho, por el resto. Pero es impresionante la cantidad de gente que se sorprende por esta sana actitud.

Estamos en equilibrio cuando aprendemos a querernos a nosotros mismos y a aceptarnos con todas nuestras fallas  y cuando, superándolas, sentimos lo mismo por los demás.

Querer a alguien sin saber quererse a uno mismo es, a mi manera de ver, una forma destructiva de amar. No digo que el sentimiento no sea real sino que es dañino para el que ama y para el que es amado.

Quererte es la mejor manera de querer a los demás. 

Monocromática

Me di cuenta que nada es monocromático.

Fue cuando miraba las nubes que lo noté.

 Tienen grises, celestes, rosas y distintos tonos marfil.

 Son esos mil tonos, esas mil pinceladas las que ¡por fin! las hacen blancas.

¿De qué colores estaré compuesta yo?

martes, 22 de octubre de 2013

Era, eran, eras

Era tu boca quien vivía de mis besos,
Eran tus ojos mis caleidoscopios,
Eran tus manos las conquistadoras de mi cuerpo,
Era tu cuello mi confesionario,
Eran tus brazos mi guarida,
Era a vos a quien yo amaba. 

¡Era, eran y mil veces eras!

Es tu boca quien cata mis lágrimas,
Son tus ojos los que me miran con desprecio,
Son tus manos quien hoy me rechazan,
Es tu cuello quien ante mi voltea,
Son tus brazos quienes me alejan,
Es a vos a quien aún hoy amo. 

Preguntas.

¿Quién?
Soy en la palabra, tal vez palabrerío.
Entre letras puedo ser quien quiera.
Nadie, todas, esa, esta soy.

¿Cómo?
Escribir me relata, me delata.
Suelo escribirme y que sean las letras quienes hablen, lloren, rían, griten, mientan y se confiesen por mí.

¿Dónde?
Acá estoy, escondida tras cien textos y a la vez desnuda en cada verso.

¿Cuánto?
Valgo por mi palabra, mi palabra vale por mí.

¿Por qué?
A algunos las palabras los atan, a otros los liberan, a unos cuantos nos alimentan.

¿Qué?
Palabra. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Mi primera vez.

Una mujer respetuosa me recorrió con sus manos suaves, no me importó.

Gritos por todos lados, cierro los ojos e intento abstraerme, viajar a otro lado. No era como me había imaginado.

Hacía calor, la masa se empezó a mover. Mi cuerpo los siguió, despacio al principio, frenético e incontrolable después.

Los sentía contra mí, era consciente de mi transpiración, de la ajena, de la piel, del roce. Solo había que dejarse llevar.

Un grito agudo rompió el monótono compás que llevábamos, a ese se unieron otros todas desconocidas, a él le presté mi voz. 

Sentí mi cintura presa de un abrazo extraño, tenía el cuerpo cansado, la garganta seca, pero el espíritu vivo, seguí vibrando.

"Vamos rubia, esto está bueno y te aseguro que se va a poner mejor" me dijo alguien a desconocido al oído. Sentí su corazón acelerarse contra el mío. Esta vez había estado atenta a todos los movimientos, ya sabía que esperar, gritó y lo acompañe desde el principio hasta que se desgarraron nuestras voces.

Lo solté y lo miré por primera vez reconociendo a esa persona que tan bien se había amoldado a mí. 

"Agua, necesito agua" grité, sin eso no podía seguir y una lluvia cumplió mi capricho.

Con esta renovada frescura el grupo empezó a agitarse de nuevo. Gritos, murmullos, palabras de amor, promesas vacías. 

Pasaba yo de brazo en brazo, no me importaba, ya me sentía cómoda con la situación, tranquila. Estaba poseída, me desconocía a mi misma, despojada de vergüenzas y pudores.

"Se viene, se viene" me avisó el hombre, yo sentía lo mismo. El clímax estaba cerca.

"Ahí llega, ahí llega" me dijo sin aflojar el abrazo.

Hechos uno gritamos, emocionados los dos, liberados al fin.

"GOOOOOOOOOOOOOOOL, GOOOOOOOOOOOOOOOL" rugió la cancha.


martes, 15 de octubre de 2013

Cuesta arriba

Siempre pensé que la vida era un camino largo con un único destino. Siempre sabemos a donde vamos, pero no está definido el como, el con quien y el por donde. Nacemos para morir, eso está claro.

Al principio no entendía porque en el camino encontraba tanto baches, tantas piedras, porque mis pies se llenaban de callos y porque el polvo hacía llorar mis ojos.

Se presentaban en mi camino mi camino mil escollos, mil dolores, que me enseñaban pequeñas cosas con las cuales mi mochila se volvía más pesada y mi andar más lento.

¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué? Me lo pregunté mil veces, distintas maneras y en diferentes oportunidades.

El tiempo y el caminar me develaron la respuesta, mi ruta se volvió una subida, debí marchar cuesta arriba y en más de una oportunidad caí pero llevaba yo conmigo todas las herramientas para salir del aprieto y superar ese obstáculo.

La vida nos enseña, nos pone a prueba una, y nos premia en consecuencia a nuestro actuar y a nuestro reaccionar. Nunca nos exige más allá de nuestras fuerzas pero siempre nos lleva al límite, nos muestra a nosotros mismos lo que somos capaces, nos devela algo que no sabíamos de nosotros mismos, algo que no sabíamos que podíamos hacer.

Paso a paso, prueba a prueba, la vida nos enfrenta a nosotros mismos. La vida es cuesta arriba, y la vista desde la cima es grandiosa, solo hay que saber usar las herramientas que el camino nos fue dando.

La culpa

- Yo sé todo.
- ¿Todo? Acaso sos clarividente ahora, ¿De qué hablas?
- Sé todo lo tuyo con él, lo leí. Hace tiempo que encontré tus mensajes. Se lo que se dijeron, lo que se dijeron, lo que él te decía, lo que vos ¡PUTA! le decías. Yo no era así antes, vos me creaste, vos me hiciste este monstruo, por tu culpa soy esto. Yo no sabía lo que era el miedo antes de saber de vos. Tu nombre me hacía temblar. Yo lo increpé, le pregunté por vos, negó todo, dijo que eras solo un juego, una distracción.
-Así fue, nunca pasó nada. Él siempre te quiso a vos. Era solo un juego.
- Lloraba ante la mención de tu nombre, por vos conocí el miedo, la inseguridad, el dolor.
-No se que decir, nunca pensé que esto podía pasar.
-No digas nada, ya pasó todo. Ya todo quedó atrás.
-Mejor me voy.
- ¿Irte? ¿A dónde? Ya pasó 
-Perdón
- Ya pasó.
-Dicen que la fe mueve montañas, pero nunca dicen que la culpa las derrumba.
-Dicen, todos dicen pero pocos son los que saben. ¿Más café?

Tonta yo.

Lo confieso Su Señoría, fui yo. Yo soy el autor, mía es la mano que lo mató. Pero sepa Usted, que también fui su víctima.

¿Cómo iba yo a saber que tantos saldrían heridos? ¿Cómo saber qué su poder de destrucción igualaba su poder de sanación? ¿Cómo, Señor Juez, iba yo a saber que las consecuencias serían tan graves? 

Pensé que era una buena causa, se lo juro, Excelencia. Pensé, en mi ignorancia, que estaríamos mejor sin Él. En una realidad tan violenta como la de hoy, no pensé, no imaginé... ¿Cómo iba yo a saber?

No fue culpa mía, Su Señoría. Aquel empezó. Aquel me dio la idea cuando me dejó. Me dijo "Adiós", ¿Puede creerlo, Señor Juez? . "Adiós" me dijo y cuando ya se estaba yendo, cuando la distancia era lo más pequeño, lo más simple entre nosotros, agregó "No te lo mereces, no sos, ni serás nunca, digna de Él", y ahí fue cuando se me ocurrió. 

Si yo no era digna de Él, ¿Por qué iba a serlo el resto? Somos todos distintos y a la vez tan iguales. Imperfectos, egoístas, rencorosos, débiles, somos tan humanos... Tenía que salvaguardarnos, a nosotros, a la raza. Él iba a aniquilarnos, causaba por donde se mire sufrimientos inigualables. Oh, Señor Juez, tenga conmigo la compasión que hoy se me reprocha no haber tenido con Él.

Lo maté, Señor Juez, y con Él maté lo que en mi plan perfecto pensaba yo salvar. ¡No pensé!

Tan platónico, tan ideal, tan poco palpable, tan volátil. ¿Cómo iba yo a saber que su ausencia iba a resultar tan dolorosa? ¿Cómo iba yo a saber que su falta nos condenaba como especie? Yo creía, Señor, que nos estaba salvando, que la biología y la naturaleza me lo agradecerían y colaborarían con mi causa. Un mal necesario, un remedio amargo... ¡No pensé!

Nunca pensé que tantos notarían su ausencia, que tantos sufrirían su falta, que tantos vivían por él. No pensé en los artistas, en los poetas, no pensé en los jóvenes, en los ancianos, en aquellos que prácticamente respiran , que depositan su esperanza en Él. 

Fue tan fácil matarlo. bastó una palabra, un "Adiós", bastó darle la espalda que todo se había acabado, pensé que sería una pelea más ardua, un rival más digno. Pensé que iba a doler más... o menos. Irónicamente sentí que me llenaba un vacío, lo mismo que sentimos todos cuando él nos falta. Indiferencia tal vez, un sopor, una eterna pausa. ¿Me entiende Usted? 

¡Sí! ¡Usted lo comprende! Lo veo en sus ojos, veo el dolor en su mirada cuando hablo de  su muerte. Ahí está, Señor Juez, lo veo en usted y en aquellos que me acusan. ¡Cómo sufren! ¡Hipocritas! ¡No supieron valorarlo cuando lo tuvieron y hoy... hoy lloran su pérdida!

Aunque... si sufren su ausencia es porque sigue aquí de alguna manera. ¡Eso es! ¿Cómo van a condenarme por la muerte de quien está acá ahora, presente en cada uno de Ustedes?

No pueden juzgarme por matarlo, buscar justicia por mi crimen es la prueba máxima de que no logré cometerlo. Hablar de Él lo revive, demuestra que no logré extinguirlo.

¡Tonta yo! ¡Soy una víctima, Señor Juez! Se lo juro, es Él el culpable de mi desgracia, de mi locura, es Él quien causó mis pasiones, mis dolores, es Él quien me engaño. Todo este tiempo sintiendo culpa y remordimiento, todos los reproches que sufrí, siempre fue el demostrandome que a su lado no soy nada, que en comparación con Él soy minúscula. ¿Cómo pensé que podría controlarlo? ¡Tonta yo! ¡Quise matarlo y solo logré demostrar que no pueden vivir sin Él! Tonta, tonta. Fue todo un ardid. ¡Él lo planeó!

Se lo dije, Señor Juez, solo soy una víctima. Tonta yo, ¿Cómo pensé que podría matar al amor? ¿Tonta yo?


jueves, 10 de octubre de 2013

El amor

Mordaz,
rapaz y truculento. Se desliza bajo la piel.
Nos subyuga,
nos somete.

Recorre nuestras venas,
nos arranca la piel,
desgarra nuestra carne.
Nos tritura el corazón,
nos muele hasta los huesos.

Nos corrompe,
nos atraviesa,
nos desnuda,
nos expone.

Lacera nuestros músculos,
nos desangra.
Besa las úlceras de nuestro cuerpo,
lame las llagas que marcan su paso.

Indómito,
Salvaje,
Violento y traicionero,
¡Gran carnicero es el amor!



martes, 8 de octubre de 2013

Diálogo

- García, ¿No le dije yo que no le pida peras al Olmo?

- Pero... pero, yo no le pedí nada al Olmo, se las pedí a la Señora del Olmo, no lo desobedecí, Patrón. Andaba yo más hambriado que perro de galpón y ay pasaba ella con ese cajón lleno de frutas.

- García. Usted siempre tiene un bolazo para todo. ¿No le ordené también que no le de perlas a los chanchos? ¿Con qué los alimentó hoy?

- Bueno, patroncito. Usté sabe que el alimento Las Perlas tiene muchas cosas buenas para que los chanchos se pongan bien gruesos. Y bien contentos lo comen...

-Sin excusas, no me hagas cabriar,  yo te dije muy clarito que les des manzanas.

- Pero, Don. Es que no sabía donde juntarlas.

- La manzana siempre cae cerca del árbol, García, se sabe. Si se hubiese tomado el trabajo de caminar por la quinta al menos. No parece usted baquiano, es más bien un chambon

- ¡ Ansí  lo hice! La he patiado de norte a este y de sur a oeste. Encontré una o dos cáidas por ay. Sabe usté, que quise probarlas pá ver si estaban buenas pero casi pierdo el comedor tuito, estaban más duras que el corazón de la que supo ser mi suegra. ¡Qué Tatita Dios la tenga en su Santa Gloria.. y nunca me la degüelva!

- Hubiese ido a lo de Don Herrero, gaucho vago. En casa de Herrero, cuchillo de palo. Nuestro compadre siempre anda bien provisto.

- Ahh... Es que no se me ocurrió.

- A  Ud. nunca se le ocurre nada pero siempre le pasa todo. ¿Por qué están vacías las trampas que puse ayer?

- No va a creer usté lo que mia pasado, Señor. Habíale dentrado una codorniz, pero había muchitas más ay afuera dando güeltas, asique le abrí un poco la trampera para ver si podía embretar unas más y....

- ¿Y...?

- Y se voló, Patrón. ¡Tanto trabajo al ñudo!

- ¡Barajo! ¿Usted me quiere matar a mí? Pájaro que comió voló. Parece usted un chapetón ¿O andaba usted medio chupao?

- Oiga, yo no estaba entonao, pensaba con toda claridá, tengo la concencia tranquila. Había cientos de aves ajuera, pensé que alguna más le iba a dentrar para comer.

- Más vale pájaro en mano que cien volando, mequetrefe. Ahora nos quedamos sin el pan y sin la torta. No se haiga usted el pollo, por usted no tenemos con que hacernos la muela.

- Ni me lo diga, Patrón. Sepa comprinder que me ganó la varicia. Yo le había apalabrado un par a la chinita que vive a la orilla del río. Ahora va a creer que soy un gaucho boca floja y le canto los aleluya como el resto de la gauchada.

- García, tenes que aprender a no vender la piel del oso antes de cazarlo.

-  ¿Piel del oso? ¿De qué habla? Codornices le apalabré.

- Cebe otro  y pasemélo que se enfría.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Carmín

Para @Casiopea_ba


Estoy en "esos días" , esos en los que todo me hace llorar, en los que todo me parte el alma. Estoy sensible, me río, lloro, digiero todo con vino. Todo me duele, todo gira en torno a mí. 

Estoy insoportable, lo sé. Cada 28 días son una bomba, una granada de hormonas a la que le sacaron el seguro.


Si así estoy ahora lo que seré cuando me llegue la menopausia. Mamá estaba insoportable con sus calores y cambios de humor. ¡Qué horror! ¡Voy a ser un peligro! De solo pensar que todo lo que debería estar húmedo va a estar seco, todo lo que debería estar seco va a estar húmedo... Colapso. 
Aunque... soy más parecida a la familia de papá que a la de mi madre, A lo mejor puedo transitar esa etapa con más gracia que ella.


Debería concentrarme en otra cosa o voy a tener que tomarme medio Alplax para dormir.

Me duele mucho, muchísimo. ¿Cuándo tenía 15 me dolía igual? Me acuerdo que me ponía en posición fetal hasta que se me pasaba pero no recuerdo que tan intenso era.

Necesito distraerme poner la cabeza en blanco, enfocarla en otra cosa.

Sufro. Lloro. 

"Parirás con dolor" entiendo eso pero estoy segura que la Biblia no habla en ningún lado de los dolores menstruales y los cambios de humor. ¿Estará en la letra chica y no lo vi? 

Ya no duele tanto, debe ser el ibuprofeno que tomé. Dolió mas aquella vez que me corté la cabeza con la escalera. ¡Qué linda estaba esa noche! Aunque con la sangre cayendo por la frente parecía salida de una película de terror. ¿Qué edad tenía? ¿Doce? ¿Trece? Todavía me acuerdo cuando papá y mamá me vinieron a buscar. Ella no pudo disimular la cara de susto cuando me vio. El estaba tranquilo, sabía que era solo un corte. Cuando no yo, reina del drama, pensé que me iba a morir desangrada.

¡Qué pavota era! ¡Qué pavota soy! Morir por un corte en la cabeza, sufrir y llorar porque me viene. ¿Desangrarme? Me pasa seguido, sangro en palabras. Estoy tan susceptible que a veces me olvido que no hay nada más fácil que morir en la palidez y exanguinados por nuestro propio blablabla.


jueves, 26 de septiembre de 2013

David&Goliat


25 de septiembre 2013, Buenos Aires
Esq de la Plaza Libertad y Paraguay.

18.45


Era alto, pelo prolijo, piel clara y de espaldas anchas, sus manos temblaban ante la presencia de su oponente. Ella era de piel oscura, tenía el pelo largo color azabache, le llegaba a la altura de los hombros. El era un susurro, ella era un tifón. 

Se encontraron en la esquina, él miraba para abajo, ella gritaba. Cada lágrima suya la irritaba aún más, transfiguraba su rostro en una grotesca versión de si misma.

El metió su mano en el bolsillo, la estiró tímidamente hacia ella ofreciendo algo, ella le arrebató las llaves. Sus llaves.

El llovía, ella era árida. Se dijeron adiós en aquella esquina.

El caminaba despacio, ella volvió sobre sus pasos y lo alcanzó. 

"Ojalá le de un beso" pensé. Le dio un cachetazo; altanera y soberbia al fin se fue.

Ese día ella era David  y el era Goliat.

martes, 24 de septiembre de 2013

Soy



Soy el sustantivo propio que te hizo sujeto;
soy el verbo que te dio acción.
Soy el condicional perfecto que te regaló un presente.
Soy la coma, la pausa;
la respiración de alivio para tu tristeza entre paréntesis disimulada.
Soy un párrafo de tu vida, 
un diptongo suave entre tus letras,
Soy rima. No soy verso.
Soy el adjetivo preciso con la conjugación incorrecta, 
Soy la tilde, también acento.
Soy punto y aparte;
aunque dejaste final abierto.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Recuerdo Fundamental II

Recuerdo lo suave que se sentía su pelo entre mis dedos, como contrastaba con la áspera toalla que cubría su cuerpo; el olor al amoniaco de la orina y el aroma de la sangre, similar al óxido y a la sal, impregnaban el auto. La sentía deslizarse, viscosa entre mis mis manos, roja brillante para mis ojos. Lo único que se oía era el ruido de mi corazón acompasarse al ritmo del suyo.

Fue en ese bullicioso silencio, en esa tormenta muda, que fijó sus ojos en mí, fue ese instante en el que entendí todo. 

Me inundó una sensación de paz, una confianza serena; comprendí que él se estaba poniendo en mis manos, que el amor todo lo puede si todo lo cree. Aprendí, en ese momento, que ceder y rendirse al accionar ajeno, no siempre significa perder. Porque a veces, o muchas, es solo por nosotros que el otro quiere ganar.

"No te duermas" le dije y lo sacudí despacio. "¡Aguantá que ya llegamos! ¡Aguantá!" grité esta vez en la puerta de la guardia.

Recuerdo fundamental I.

Él me miraba desconcertado, su cabeza de coté, sus pupilas dilatadas, la lengua colgando por el costado de su boca convertía la feroz cara del chihuahua en una caricaturesca expresión.

Ahí fue cuando la risa interrumpió el llanto. Me reí, lloré, me ahogué en mocos y lágrimas. Me volví a reír, volví a llorar. Histérica, desconcertada pero feliz.

"¡Te dije, pelotudo, que podía ser feliz sin vos! ¡Te dije que no te necesito para ser feliz!" grité con satisfacción mientras cortaba el teléfono.

"El calor dilata el metal" pensé. ¡Plop!, un ruido seco. Un repasador y la tapa caliente en una mano, el frasco de mermelada en la otra.

Quería tomar el té y se había acabado el dulce. Recordé que en la despensa guardaba una mermelada de frambuesas casera. "¿Y ahora? Estoy sola. Cuando uno es soltera desde hace poco, ¿Quién le abre los frascos? El siempre abría mis frascos" Pensé desconcertada sin saber muy bien como actuar en esa situación.

Dicotomía del alma.

Hace unos días hice un pedido de ayuda para José, un chiquito con un problema cardiológico, mi sorpresa fue enorme cuando vi la respuesta y la difusión que le dieron al tema. Llamados, mails, gente acercando donaciones a distintos lugares, mensajes de apoyo y, lo que más me desconcertó, recibí felicitaciones.

Me felicitaron por hacer lo que está bien, lo que se debe hacer, lo que debería ser algo normal o lo más natural. Ayudar a otro, más siendo el necesitado un niño, es hoy por hoy, motivo de sorpresa. No voy a mentir, me llena de orgullo, pero al final de cuentas no estoy haciendo más de lo que me corresponde, lo que debe ser. Es como que me feliciten por ir a trabajar, por bañarme o por lavarme los dientes. 

¿A dónde hemos llegado como sociedad para que sea considerado algo extraordinario el ayudar a otro? El ser humano es un ser gregario por naturaleza, no puede vivir solo, no puede SOBREvivir solo, necesita de la comunidad, la sociedad para alcanzar la plenitud y su máximo desarrollo.

Pasa el tiempo y los valores que nos hicieron grandes, que nos hicieron pueblo, que nos formaron Nación se van derrumbando de a poco, se van muriendo, nos vamos aislando, vivimos como autómatas, plenamente conscientes de la realidad que nos rodea pero sintiéndola ajena, cerrando los ojos ante ella porque no nos toca de cerca, o porque pensamos que no la podemos cambiar.  He ahí nuestra máxima debilidad. 

Somos un pueblo solidario ante cualquier catástrofe, nos movemos y somos nosotros, los ciudadanos comunes, los que ante una tragedia respondemos ayudando, dando una mano. Suplimos, los civiles, al Estado. Llenamos sus vacíos y alcanzamos a esas personas a las que él  ignora o deja para relega. ¿Por qué entonces la sorpresa ante un caso de ayuda individual? 

Ojalá el dolor ajeno no nos siga siendo indiferente, ojalá el ayudar a otro se vuelva natural y no sorpresa, ojalá entendiésemos que mañana podemos ser nosotros los que necesitemos una mano, los que necesiten consuelo.Ojalá ser solidario se vuelva costumbre, una sana espontaneidad. Ojalá, no tengan el alma partida en dos, como yo ahora, que me inunda una amarga alegría al ver como llega la ayuda acompañada de tanta sorpresa. 


miércoles, 11 de septiembre de 2013

José, El Titán.


No creía en el amor a primera vista hasta que ayer conocí a José. Había oído hablar mucho de él en estos últimos días por medio de Mele Saravia y Ro Saravia, me moría de ganas de conocerlo pero jamás esperé que me pasase esto, de sentir esta fascinación, esta admiración por este bebé.






Siempre admiré la entrega mansa y confiada de algunas personas en situaciones difíciles, ese ponerse en manos de otro sabiendo que van a hacer todo lo posible para que las cosas salgan bien para uno, esa entrega tímida pero sin dejar de pelearla. Ese es José. Sin conocerme, se dejó alzar, se dejó cuidar y se dejó tratar. 

Para los que no conocen la historia de José, les cuento que es un bebé de 1 año y dos meses, tiene un problema cardíaco, nació con un único ventrículo por lo cual su corazoncito debe hacer el doble de esfuerzo para bombear la sangre. Por este tema ya fue operado dos veces y ahora lo derivaron al Garrahan para una tercera operación. 

Llegaron ayer en un vuelo desde Salta, ingresaron al hospital por guardia debido a que "El Titán", como lo apodé, levantó un poco de fiebre y tenía mucha mucosidad (por lo cual Julio no había podido alimentarlo). Quedó en observación, le pusieron una sonda naso-gástrica para alimentarlo con leche maternizada, se le dieron remedios por esta misma vía para bajarle la temperatura, se le puso oxigeno permanente y se le aspiró la mucosidad que tanto lo incomodaba. Durmió perfecto, se portó perfecto.

La historia de José es increíble por donde se la mire, él mismo lo es. Es un piojito, pesa apenas 7 kilos para la edad que tiene. He tenido a upa y a mi cuidado chicos mil veces, pero nunca uno tan frágil y al mismo tiempo tan fuerte como él. Tiene unos ojos tan oscuros que el iris es apenas un tono más claro que la pupila, unas pestañas largas y arqueadas por entre las cuales te espía cuando se adormila,siempre con una confianza y una paz, mientras te agarra el dedo con su manito miniatura, con sus uñas dibujadas, fue simplemente sorprendente. El latido de su corazón es impactante, indescriptible. ¡Tiene una garra! 

No les quiero dar envidia contándoles que durmió en mi pecho, agarrándome la mano, pero bueno... soy una caprichosa, no me puedo contener.

A quien quiera, a quien le interese, a quien esté dispuesto a conocer más de la historia de José, a colaborar, a dar una mano, a donar su tiempo es más que bienvenido. 






Día 2.



Lo impresionante de José es que logra que aunque no estés con él no dejes de pensarlo. Tiene algo, no se qué, que te atrapa,te conmueve, hace que te involucres con su historia hasta la médula.

Está con un problema respiratorio, con mucha mucosidad , por esto mismo es que se esta alimentando vía gasonastrica, aún de ese modo, su estómago tolera muy pocas cantidades y de un modo muy lento. Cuando esto se resuelva y se cure es que se va a poder avanzar con el tema cardiologico.

Toda su historia clínica ya está en manos de los cardiologos del Garrahan para estudiarla y presentarla ante los cirujanos del mismo hospital.

Voy a estar juntando:

a) Pañales talle M.
b) Leche entera PURISIMA
c) Ropita. Tiene un año y 2 meses pero es más bien menudito, peque. Pesa 7kgs.
d) TIEMPO, gente con ganas, comprometida, que pueda donar algunas horas de su tiempo a quedarse con José así su papá también puede descansar un poquito.





¿Cómo no creer en los milagros cuándo hay uno dándome la mano?


martes, 20 de agosto de 2013

Diálogos de Peluquería I

Hace seis años entré a una peluquería con una gorra y lagrimeando.

- ¿¡ OTRA VEZ TE CORTASTE EL FLEQUILLO SOLA?!
- Si, hace tres días que no salgo de casa por la vergüenza.
- ¿A ver que te hiciste esta vez?
- ...
- Uf, va a costar pero tiene arreglo. 
- Te juro que es la última vez.




Hace dos meses...



jueves, 8 de agosto de 2013

La esclava de García.



Nunca fue normal, era muy sociable pero no manso, era compañero pero muy independiente, lo quería pero no lo amaba. Teníamos una relación un tanto extraña, nos llevábamos bien pero podíamos vivir el uno sin el otro.

Esa noche eramos muchos, nadie oyó ni vio nada. Simplemente entré a buscarlo y ya no estaba. La ventana estaba abierta, rota en realidad y lo que había pasado era muy claro. Lloré. Mil imágenes espantosas corrieron por mi mente.

Lloré hasta que me quedé sin lágrimas. Recorrí el edificio de arriba a abajo gritando su nombre, me mentí a mi misma diciendo que a lo mejor se había escapado, golpeé puertas que nadie abrió. Perdí el aliento, el sentido del tiempo y me dejé caer en las escaleras hasta que el frío me hizo reaccionar. Llamé por teléfono a una amiga y le pedí que venga. Él se había muerto.

Me encontró sentada, con la mirada perdida, en un sillón. Jugaba con algo en mis manos,  le mostré el lugar donde él había caído, un lugar al cual yo no tenía acceso. Ella pasaba en ese momento lo que yo había pasado horas antes: tristeza, incertidumbre y miedo. Me convenció de ir a esperar abajo, alguien iba a venir, me iba a abrir y yo iba a poder buscarlo. Pero el tiempo corría y nadie apareció.

Le tocamos timbre al portero.

- Abrime, lo tengo que sacar
- Son casi las tres de la mañana, no molestes. Mañana.
- Abrime ahora, ahora lo junto y lo limpio yo. Mañana cuando se quejen los vecinos, limpias vos.

Ante este último argumento, siempre quejándose, bajó y me abrió. Estaba todo en silencio. Nada se movía. Él no estaba donde yo esperaba. Con la poca luz que teníamos no lo veíamos. Ya no tenía lágrimas. El encargado del edificio protestaba, revoleando la linterna, fue entonces cuando el haz de luz hizo brillar sus ojos en un rincón. Sentí que mi cuerpo temblaba, ya no era mío, era ajeno. Ahora respondía al miedo, a la desesperación. Ella y él lo llamaron por su nombre varias veces, no se inmutó. Sigiloso, precavido miraba desde su escondite. Lo llamé una, dos, a la tercera vez, tambaleante caminó hacia mí. Caminé despacio hacia él y lo alcé en brazos. Apoyó su cabeza en mi pecho, me miró fijo a los ojos, me leyó el alma con esa mirada y  se durmió.

El maltrecho era él, la aterrorizada era yo. Lo abracé y envuelto en una toalla emprendimos la marcha a la guardia. Le dolía todo, yo lo sabía, pero aún así el estaba entregado a mí, se sentía seguro en mis brazos, tenía en mí una confianza que ni yo misma me tenía. El sabía que, de ahora en más, todo iba a ser por su bien.

Esa noche fue terrible, rápida a pesar de su lentitud, fue violenta. Alejándome en el tiempo, pasando todo en limpio hubo cosas que me sorprendieron de esa noche. Hasta ese momento yo tenía con García una buena relación, a partir de esa noche hubo simbiosis. Esa entrega, ese sabiduría de que todo iba a estar bien y que lo malo ya había pasado, esa mirada mientras apoyaba su cabeza en mi pecho, como sus latidos se acompasaban a los míos, esos ojos que desconociendo todas las preguntas sabían todas las respuestas, esa confianza absoluta, ese dejarse ser, me asombra hasta el día de hoy. 

Todo cambió de ahí en más, nunca volvimos a ser los mismos. El me lee, a veces me asusta como sus ojos ambarinos pueden ver tan adentro de mi alma. Yo lo cuido y el me cuida a mi. Ahora vamos juntos. Me somete con sus ojos, con su amor, con su cariño. Soy su esclava, soy la esclava de García.




jueves, 4 de julio de 2013

El sentido del humor

El sentido del humor es una forma de defensa, una gran muestra de inteligencia y una gran forma de sanar.

martes, 11 de junio de 2013

Diálogos Insomnes

Se llamaba Ezequiel Sereno e irónicamente era la persona más atormentada que conocí. Era un camorrero de puños lentos y de lengua ágil y afilada. Éramos dos más en un infierno insomne.

Era simplemente brillante, y como todo genio que se precie vivía atormentado. Las voces, los gritos y mil rostros cargados de sufrimiento y pavor lo asechaban en sus sueños. Las cicatrices de sus brazos y sus muñecas eran los vestigios del dolor, pequeñas ventanas por donde él había intentado huir, sin ser estas suficientes.

- Marcame, Rosa.
- Nunca entendí porque me llamas Rosa, Ezequiel. 
- ¿Te molesta que te nombre así, azulada?
- No, me molesta el no entender.
- Sos mi Rosa Azul, como la de la leyenda, esa que hace que uno pierda la memoria, que se olvide de todo.
- ¡Eso es espantoso!
- Con vos me olvido de lo malo, por lo menos puedo dormir.
- Sos un amor.
- ¿Me marcas ahora?
- No entiendo de que hablas
- Todos los que conocemos dejan marcas, dejan una huella que cuando uno las ve entiende el porque de todo. Te conocí y quise tu marca, tu marca azul. Te busqué con palabras y te encontré con hechos.
- ...
- Ya me voy, lejos me voy, Rosa. Decime algo que marque mi partida, que me de fuerzas para llegar a donde quiero.
- Estas loco, Ezequiel, estas loco pero igual te quiero.
- ¿Ves? Sin proponertelo me volviste a marcar.


domingo, 2 de junio de 2013

- ¿Te llamas Heleborina, no? 
          - Si
          
          - Lo sabía, tenes re cara de Heleborina.


          - Ay, ¿Adivinas como se llama cada uno según la cara?

          - Casi siempre.


          - Ay, yo nunca lo intenté pero... ¿VOS TE LLAMAS PELOTUDA?

Santiago

Me bajé despacio del tren, con cuidado afirmé mis pies a los dos escalones, tengo esta tendencia a caerme, siempre digo que la torpeza es mi carta de presentación. Me uní a la marea de gente que caminaba por el andén. Nunca entendí porque el apuro o qué es eso que los impulsa a ir tan rápido. No por correr van a llegar más rápido. Avanzo con la cabeza en blanco, en mi propia nube, a mi propio ritmo, recibiendo los golpes de los acelerados  que, cargados de cuadernos, mochilas, maletines y expedientes, van esquivando a los que vamos más lento. Fue ahí que lo ví, lento como yo, perdido en la multitud acelerada con su bastón blanco. Me acerqué suavemente y lo agarré de la mano, lo sorprendí, lo asusté. "Vamos que te acompaño" le dije y aceptó.

Había acompañado no videntes antes. Siempre con ese temor oculto de caerme y arrastrarlos a ellos conmigo . Suelen ser caminatas cortas, silenciosas o con pocas palabras, todas cordiales. Supe después de haberle tomado la mano que esta iba a ser distinta. 

-¿Cómo te llamas? 
- xxxx
- Hola xxxx, yo soy Santiago. Tenes voz de nena, ¿Cuántos años tenes?
- 27 ¿Y vos? 
- 33, ¿De dónde sos? Tenes una tonada cantada.
- Entrerriana
- ¿Desde que estación venis?
- Desde Palermo, ¿Y vos?
- Yo vengo desde Chacarita, voy al trabajo. A Plaza de Mayo.
- Ahh, ¿Qué colectivo tomas? Así te acompaño hasta tu parada.
- ¿Vos en cuál vas? 
- Esteemmm, suelo ir en el 33 o en el 22.
- Vamos en el 22, nos deja a los dos.

Se agarró de mi mano, yo iba preocupada porque las veredas estaban rotas, estaba a un tropezón de romperle un hueso a un ciego. De repente me dí cuenta que se agarraba de mi mano y la acariciaba como si fuese mi novio. Me incomodó, pensé en dejarlo seguir solo pero era ciego. Me invadió la culpa. 

Llegamos al colectivo, mi intención era subir, conseguirle un asiento y seguir yo al fondo. Separar los caminos de una vez. Una vez arriba rápidamente le ofrecieron ayuda y el respondió gritando "Estoy con ella, estoy con ella, estoy con xxxx" me ruboricé automáticamente, sentí que la cara me quemaba y miré para abajo, escondiéndome de todos los ojos que de repente se fijaban en mi. Solo se sentó tranquilo cuando le aseguré que me iba a quedar parada al lado de él hasta llegar a destino. Su trato era familiar, sus preguntas eran lo que delataban que éramos dos desconocidos. Los demás pasajeros no dejaban de mirarnos, cada vez más atónitos ante sus interrogantes. Su mano se movía desesperada buscando la mía, era rápida, así que opté por dársela para ver si con eso se calmaba y así fue. Me contó que trabajaba en algo relacionado con Comunicaciones, a la vez era profesor de Historia en la facultad de Filosofía. Tenía (creo) que 33 años, estaba afiliado al Partido Obrero, "porque el obrero siempre perdió a lo largo de la historia" me dijo. Lo miré con más detenimiento, era buenmozo. Tenía los ojos abiertos y no llevaba anteojos negros, su mirada era blanca y parpadeaba mucho, siempre fija en mi cara.

Quería que el colectivo avance rápido, quería llegar a mi destino, la situación me superaba ampliamente. "Se rompió el colectivo" y no le creí. Pasaron cinco minutos cuando el chófer nos avisó que debíamos bajarnos, que el colectivo ya no arrancaba. Algo debía haber hecho mal en otra vida para que esto me esté pasando. Santiago estaba contento, íbamos a poder conocernos más en el trayecto. Estábamos a cuatro cuadras de mi trabajo. 

- Sos alta, casi como yo.
- Tengo tacos.
- Ah, hace frío. ¿Tenes zapatos cerrados?
- No, sandalias.
- ¿Como son? ¿Tipo ojotas?
-  Nooo, odio las ojotas. Son como zapatos, pero abiertos.
- ¿Puedo tocarlos?
- Prefiero que no.
- ¿Sos rubia o morocha?
- Rubia, o algo así.
- ¿Algo así?
- Si, algo así. 
- ¿Tenes pollera o pantalon?
- ¡Qué pregunta! Pantalón.
- Agradecé que no te pedí para tocarlos. Me enamoré de tus manos.
- Son normales, no tiene nada de especial.
- Son suaves, blandas, son cálidas, tienen fuerza. Tenes las uñas prolijas, ni largas ni cortas.
- Si, es más cómodo así. Bueno, Santi. Llegamos, yo me quedo acá. ¿Sabes como llegar hasta el subte? Estamos a una cuadra, ¿Seguro que podes solo? 
- Si, xxxx. Lo hago todo el tiempo, despreocupate. No seas culposa.

Le dí un beso de despedida, uno corto y rápido en el cachete. Me estaba alejando, el no había soltado mi mano y de un tirón me acercó de nuevo a él. Me abrazó y me dio un beso grande en el cachete, puse mis brazos entre él y yo para poner distancia, para separarnos. "¿No me vas a dejar tu número?" me dijo mientras me libraba de la prisión de su abrazo. "No, Santi. No" le respondí mientras me alejaba de él. Se rió y mientras armaba su bastón blanco me gritó "NOS VEMOS  MAÑANA, RUBIA".











viernes, 31 de mayo de 2013

Sórdida

Se levantó del piso frío del baño, se abrazó al inodoro y vomitó. Sangre. Recordaba haber visto sangre en su vómito antes, anoche, en algún momento. Miró el celular tirado en el piso, había un mensaje nuevo "¿Te fuiste con él? ¿Cuándo nos separamos? Tengo todo borrado"

Se había subido al taxi en algún momento, no se acordaba la hora, un guardia de seguridad de una casa de comidas rápidas la había acompañado a tomarlo por pedido de ella. "Conseguime un taxi por favor, uno donde el chófer tenga cara de tipo honesto que no estoy bien.".  "Llévame lo más cerca que pueda de esta dirección, no tengo mucho efectivo encima" le dijo al conductor. El taxista estaba asustado, ella estaba muy borracha y se dormía contra el vidrio, se levantaba  y lloraba "Por favor, señor, no me haga nada, solo quiero ir a mi casa". Él con su exótico acento le aseguraba que nada le iba a pasar, el la iba a cuidar y llevar sana y salva. Frenaron varias veces en el camino a que ella vomite. Sangre, ahí había visto la sangre antes, había vomitado mucho.

Llegaron al local de hamburguesas después de haber recorrido calle Florida. Uno de los tres caminaba rápido, estaba apurado y los dejó atrás en un santiamén. Ella y el pelado iban lento, la rubia frenó a hablar con la policía. Insistía en  armar una orgía  y quería invitar a la Metropolitana. Interrogó a los uniformados hasta hacerlos sonrojar, no dejó tema sin tocar. Los oficiales se reían y contestaban con paciencia y pudor sus preguntas. El pelado se reía, por momentos incómodo, mientras exclamaba "Esto no puede estar pasando, esto es una puta película, ¿En que me he metido?". La mujer lo miraba suave, riéndose y lo calmaba asegurándole que todo iba a estar bien, que ella sabía lo que hacía.

Siguieron caminando y se encontraron con el Oficial Hernán Fernandez que les aseguró que la más gauchita de todas las oficiales era Silvina pero que no estaba seguro si ella se prestaría para eso pero les afirmó que contaban con él. Adentro del fast-food  los esperaba el tercero, medio malhumorado por la demora. El pelado se fue a comprar unas hamburguesas, la rubia se sentó al lado de el gruñon, la agarró del pelo, cerca del cuero cabelludo, arrimó su boca a la suya, después a su oído y le susurró "Mi problema es que me gusta golpear a las mujeres" y le dio un beso, le cogió la boca con su lengua y la soltó. Ella se levantó de la mesa y salió del local de la mano de un viejo guardia de seguridad.

Habían salido del bar, cerca de Plaza San Martín,  borrachos, apurados. Habían quedado con el Peruano de encontrarse en Callao y Corrientes para comprar cocaína. Un rato antes los dos hombres habían estado rememorando como se conocieron en una compra de drogas, los detalles y el alcohol abundaban. Vodka, martini, vodka, cerveza.  Ellos hacían memoria, ella se reía. Eran un trío raro, desordenado, desprolijo, no tenían nada que ver uno con el otro, no se parecían. La charla era distendida, versátil. El alcohol era bueno, puro, fuerte. No se conocían en lo absoluto, uno le tocaba la espalda. El otro se apoyaba en su pecho, los dos le daban alcohol. Américo, el barman, no dejaba que sus vasos se vaciasen. Antes de irse ella le sonrió y le dijo "Si aparezco muerta, fueron ellos".

Ella entró al bar sin saber con que se iba a encontrar, ellos la esperaban sin saber que iba a llegar. Estaban en la barra, sentados los dos, comiendo algo, tomando. Caminó directo hacia ellos y muy sonriente los saludó.








martes, 28 de mayo de 2013

Amores que matan

Se miró al espejo mil veces, desde todos los ángulos asegurándose estar impecable para él. A ella le gustaba jugar al gato y al ratón, le gustaba el juego de la seducción y era buena en eso, pero sabía que con él ella nunca era quien cazaba, siempre era la presa

Fue a su encuentro en un edificio antiguo sobre la calle Libertad. Grandes molduras de yeso, espejos un tanto opacos por el paso del tiempo, cañerías ruidosas y una antigua araña de cristal en la recepción.

"Mi puta hermosa" le dijo cuando le abrió la puerta, la invitó a pasar y le miró el trasero sin disimulo. Sabiéndose observada ella quebró más su cintura, acentuando el contoneo de sus curvas al caminar. A él le gustaban los juegos y a ella le gustaba él, por lo tanto siempre bien predispuesta se sometía a sus deseos y caprichos.

Se desvistió para él, quedó con el torso al aire y tacos altos. "Fetichista" pensó ella mientras se dejaba poner un collar y una correa al cuello. La hacía desfilar con pasos lentos y largos por la habitación alfombrada mientras lujurioso la miraba. Ella se puso en cuatro patas y gateó cual leona hasta donde X la miraba. Se sentó al lado suyo e intentó desvestirlo. Sin mirarla se desprendió la camisa y se sacó los pantalones. Tenía unos boxers de algodón perfectamente almidonados y planchados por la mucama made in Perú que trabajaba con él hacía pocos meses.  

Prendió un porro, no era para él. Eso le sabía a poca cosa, pero a Y eso le pegaba fuerte y la dejaba al dente. El fumaba y largaba lentamente el humo en su boca. Ella aspiraba directo de su boca y se reía. Entre bocanada y bocanada de humo ella rodaba por la cama con una risa aguda y molesta, el aprovechaba a meter su mano por abajo del taparrabos de seda que ella usaba en esa ocasión. "Esta casi lista" pensó.

La dejó acostada boca arriba y le dio la orden "Quietita ahora, mi putita, me toca a mí" y empezó a armar líneas de merca. El aspiraba directo de su cuerpo, ella se reía.  "Me haces cosquillas, tarado" le reprochaba mientras se retorcía húmeda abajo suyo.

Se bajó los calzoncillos, tiró de las piernas de ella hasta que su pelvis se acercó a la de él y a horcajadas la penetró. Ella murmuró algo, se arqueó para recibirlo y se dejó llevar. Él ya había perdido el control, tenía los ojos inyectados en sangre y embestida tras embestida solo se desconectaba más de la realidad, solo oía a lo lejos un gemido que bien podía ser de placer o de dolor, no sabía, no le importaba. 

La miró y vio su cuello frágil, níveo, largo y elegante. La ahorcó. Al principio a ella pareció gustarle y la sintió excitada, lo miró desafiante y  un brillo de rebeldía cruzó sus ojos, en su boca se formó una sonrisa salvaje. Ella en los ojos de él solo encontró vacío. La cacheteó, la embistió con más brutalidad y apretó más y más su cuello. Vio como la mirada de ella mutaba del desafío al miedo y eso lo calentó. Apretó de nuevo. 

Acabó justo en el momento en que ella dejó de oponer resistencia cuando la vida abandonaba el cuerpo de Y en un último y espástico temblor. Una gota de sangre color carmín salía por la comisura de sus labios  y caía en las sábanas limpias.  Salió de entre las piernas de ella y mientras caminaba al baño pensó " ¿Qué carajo hago ahora? ¿Cuál de mis dealers tendrá algo que supere esto?"

lunes, 27 de mayo de 2013

Mi cuento

Me gustan los cuentos porque son cortos y siempre tienen un final feliz. Las historias suelen ser largas y sus finales impredecibles. Este es un cuento, no pasó ni pasará. No es mío pero tampoco me es ajeno.


Toqué timbre en su departamento a las tres en punto de una tarde de domingo,  llegué con el alma cargada de emociones, la mente turbia y una ansiedad que se reflejaba en ese montoncito de cigarrillos y cenizas que había ido apagando en la esquina mientras juntaba el coraje de tocar timbre.

Bajó en jeans y remera blanca, a cara lavada, me sonrió y me abrazó como si nos hubiésemos visto ayer. La abracé, el contacto físico se sentía bien después de tanto tiempo de haberlo esquivado. Tenía olor a flores en el pelo. "Algún shampoo de minas", pensé. Reconocí su cuerpo con mi abrazo, a lo mejor pequé de confianzudo pero se dejó, vi que su cuerpo encajaba perfectamente en el mío y me sentí un tanto frustrado cuando me alejó para examinarme. Me miró y la miré, sin disimulo y sin pudores nos estudiamos el uno al otro. "Estas hecho mierda" me dijo con una sonrisa que mostraba todos los dientes, "Vení, pasa" .

Subimos los pocos pisos por la escalera y, no sin forcejear,  abrió la puerta de su casa. Era un departamento sencillo, con pocos muebles, nada hacía juego con nada pero todo quedaba perfecto con todo, era simple y práctico, sobreabundaban los colores y mirándola me pareció lógico. La ventana estaba abierta de par en par y el ruido que entraba de la calle parecía el soundtrack perfecto para esta situación.

Se sacó los zapatos y me dijo que estaba perfecto si quería sacarme los míos, la invitación me tentó pero mi educación me lo prohibía. Fue a la cocina y la seguí, vi como sacaba una pava del fuego y como llenaba un termo no sin largar una maldición al aire contra su torpeza cuando se quemó con el agua hirviendo. Lo trajo a la mesa junto con un mate, de esos baratos, típicos de la gente que no suele tomar  y trajo a la vez una taza con un saquito de té. Puso el primero frente a mí y me dijo "Tomá, lo preparé para vos" y se sentó tipo indio en el otro extremo del sillón, de frente a mi, con sus dos manos agarrando una taza y mientras bebía, me miraba y me escuchaba.

Empecé a contarle todo, en desorden, sin seguir un hilo, una forma o un modo. Ella se limitaba a asentir y hacer preguntas cortas, incisivas, honestas y a veces dolorosas. Ya había desnudado mi alma para ella mil veces antes, pero esta era distinta, esta vez la miraba a los ojos y su mirada no mentía. Veía como mi dolor se hacía suyo, como a pesar de lo ilógico de mi relato ella iba entendiendo palabra por palabra lo que le contaba y como le sentía mi pesar. Le conté y me contó. Hice carne en mí sus cicatrices, me apropié de sus heridas y quise calmar su dolor.

El sol iba cayendo, la tarde se había hecho corta y el cansancio propio de quien desnuda sus males hacía mella en los dos. Ella seguí ahí, tan cercana y tan lejana. Me acerqué y con mi mano acaricié suavemente su cara, ella acompañó el movimiento de mi mano ladeando su cabeza, acerqué mi boca a la suya y se negó. "No es el momento, seamos amigos" me dijo mientras alejaba su boca de mi boca, su cara de mi cara. Podía sentir el perfume de su cuello en mi nariz y la ira crecía en mi mientras le contestaba que todo estaba bien, que tenía razón.

"Pendeja de mierda, ¿Quién se cree para plantarme así?. No sabe un carajo de la vida, no entiende nada"  pensé mientras me alejaba de su casa. Caminé las cuarenta cuadras rápido, sin pensar, sin mirar otra cosa que el piso, cegado por mi propia furia. Sin embargo, al día siguiente a la misma hora estaba otra vez tocándole el timbre.

Me abrazó y me invitó a pasar. La charla fue distendida, amena. Fue superficial, estaba contenta por mi presencia y se le notaba. Nunca dudó que yo fuese a volver. Sabía que su rechazo de ayer me había enojado pero su confianza en mí y en el cariño que nos teníamos era aún más grande que su miedo y sabía que yo iba a estar ahí hoy.  Quince días me fui frustrado de su casa y quince días volví, cada vez más sano y más tranquilo. Ella era un bálsamo para mi y yo un oasis o una novedad, para ella.

El día dieciséis todo cambió. Toqué timbre y no atendía. Las ventanas estaban cerradas. La llamé a su celular y me atendió con una voz que delataba cansancio "Dormía, ya voy". Bajó en pijamas, despeinada, con unas ojeras azul profundo bajo sus ojos. Me asusté. La miré por primera vez como algo frágil, casi infantil. "Me intoxiqué, no dormí en toda la noche" me explicó y me abrió para dejarme pasar. Subimos, por primera vez en el ascensor, abrazados porque en esa tarde primaveral ella estaba helada.

Sin oír sus quejas y reclamos le preparé un baño caliente y la obligué tomarlo. Cuando salió, con un aspecto mucho más vital, la esperaba con un té. La acosté. Me senté en el borde de la cama, apoyado contra el respaldo y apoyó su cabeza en mi pecho y se durmió profundamente. Respiraba con calma, y su perfume alteraba todos mis sentidos. Estaba enferma, nunca tan frágil ante mí, nunca tan confiada y yo pensando en las mil maneras de hacerle el amor. Me asusté. "Hacerle el amor"  ¿Quién iba a decir que yo iba a pensar en amor? Eran las tres de la mañana cuando logré frenar mis ideas y me dormí,  la abrazaba fuerte sabiendo que dentro de poco la iba a perder, que nunca iba a ser mía, que nunca iba a ser suyo.

Al día siguiente me levantó la música, me desperté desorientado, no sabía donde estaba. No había terminado de reaccionar que, como un terremoto, ella llegó a las carcajadas a la cama, a mis brazos, a mi boca. Estaba radiante, todavía de pijamas, pero más linda de lo que había estado nunca. "Te quedaste conmigo, gracias" me dijo al mismo tiempo que besaba mis labios. Fue un beso suave, inocente en un principio. Mis ganas eran muchas, las de ella también. Entre beso y beso la tenía abajo mío, los ojos le brillaban de deseo, su boca y su cuerpo me reclamaban. Así la había querido desde el primer día. Me la cogí con desesperación, no había amor en ese acto, era un cuerpo llamando al otro, era la carne gritando. Respondió con creces a cada uno de mis pedidos, ella estaba dispuesta para mí. Ella era lo que necesitaba. Acabé y me desplomé encima de ella, me quedé rendido sobre su cuerpo, el olor a sexo invadía la habitación, me miró sonriente y me dio un beso suave en la nariz. "Tramposo, solo quería avisarte que el desayuno estaba listo. No era a mí a quien debías comer" y se río. Nos quedamos inmóviles y callados no se cuanto tiempo. No se quien fue el primero que salió de la cama, no se si fue ella, si fui yo, si fuimos los dos en un silencioso pacto mutuo. Desayunamos, nos vestimos y le dije "Debería irme a mi casa" y ella silenciosa asintió.

Pensándolo bien, no pareció estar triste ante mi afirmación, estoy seguro de que no la alegró. Era como si ella supiese desde un primer momento que así debía ser, que así estaba destinado a ser  y que lo aceptaba. Esa tarde me fui para no volver. Ella rearmó mis pedazos y yo curé sus heridas. Me cuidó y la cuidé. Nunca más la volví a ver a pesar de que a veces en sus letras me busco, ella nunca más me escribió.










viernes, 26 de abril de 2013

Sos.

Fuiste una idea estúpida que pensé que iba a poder controlar,
Fuiste un impulso, una tentación.
Fuiste una búsqueda de alivio,
mi intento más frio.
Sos una compulsión.

Dormís en mis entrañas,
estas ahí, al alcance de mis dedos,
envenenas mi mente,
estas expectante en la punta de mi lengua,
en el contorno de mis labios.

Te quise, te necesite,
quiero sacarte de mi toda,
olvidarte, dejarte atrás,
superarte.
Me haces mal.

Sos alivio, placer, dolor y culpa
Sos compulsión.
Sos el deseo irrefrenable, incontrolable.
Sos y serás solo una compulsión.

viernes, 12 de abril de 2013

Prisiòn








No hay prisión más grande que la de

tu 

propio cuerpo, la de tu propia


imposibilidad.